VIÑA ALMAVIVA

La Ópera Magna del Terroir Chileno en
Puente Alto

Viña-Almaviva

El telón se levanta sobre un escenario donde la tierra, el clima y la visión humana dan vida a una melodía inconfundible. Mi propia obertura comenzó con el traslado desde Las Condes, dejando atrás la modernidad vibrante del Santiago metropolitano. Un vehículo me esperaba para llevarme al corazón de Puente Alto, donde Viña Almaviva no es solo una bodega, sino un templo donde el arte del vino se orquesta en cuatro actos memorables, dignos de la pasión de «Las Bodas de Fígaro».,

Viña-Almaviva
Viña-Almaviva

Mientras el paisaje urbano se desvanecía, la imponente y hermosa Cordillera de los Andes nevada comenzaba a dominar el horizonte, anunciando la cercanía a un ambiente de serena tranquilidad y paisajes sobrecogedores. Al llegar a la viña, fui recibido cálidamente por el Jefe de Operaciones de Almaviva. Entre sorbos de café, en una atmósfera de calma expectante, aguardaba la llegada del Ingeniero Agrónomo y Enólogo Manuel Louzada, quien me guiaría en un recorrido que trascendería lo ordinario. Después de explorar la bodega, nos adentraríamos en una experiencia exclusiva de cata y vinicultura, con el privilegio de contemplar a través de un gran ventanal de vidrio el majestuoso paisaje y, de fondo, la inmutable cordillera nevada. Un deleite para amantes del vino, enólogos y buscadores de experiencias enoturísticas que resuenen con la grandeza.

Viña-Almaviva
Viña-Almaviva

Acto I: Obertura – El Legado y la Tierra Prometida.

Como el preludio que anuncia la grandiosidad, el primer acto nos introduce al génesis de Almaviva. En la década de 1990, la visión de dos gigantes del vino se unió para crear un «Primer Cru» franco-chileno. Por un lado, la casa Baron Philippe de Rothschild, fundada en 1853, con el prestigio y el conocimiento centenario de la elaboración de los grandes vinos franceses. Por el otro, Concha y Toro, fundada en 1883, que aportó la fuerza indómita y la vitalidad de la naturaleza chilena. Tras más de 200 años de historia, estas dos familias se encontraron en una alianza deliberada para buscar la perfección.

Viña-Almaviva

El objetivo era claro: crear un vino que fuera una expresión auténtica de Chile, pero interpretada con la elegancia, la frescura, la vivacidad y la complejidad de los vinos de Burdeos. El escenario elegido: los legendarios terroirs de Puente Alto, en el Maipo Alto. Aquí, a los pies de la Cordillera de los Andes, se despliega una geografía privilegiada. Suelos aluviales y coluviales, con la justa proporción de grava y arcilla, ofrecen un drenaje excepcional y una pobreza controlada, condiciones ideales para forjar vinos de carácter. Las brisas аndinas que descienden cada tarde aseguran una oscilación térmica perfecta, preservando la frescura y la acidez en las uvas. Es en este lienzo natural donde el Cabernet Sauvignon, rey indiscutible de la zona, encuentra su expresión más sublime, complementado por toques de Carmenère, Cabernet Franc y Petit Verdot.

Acto II: Aria – La Viña, un Conservatorio de Cepas Nobles.

El segundo acto nos sumerge en el alma de la viña, un verdadero conservatorio donde cada cepa interpreta su parte con maestría. La viticultura en Almaviva es una sinfonía de precisión y respeto. Cada vid es tratada con la reverencia que merece una solista en una orquesta de élite. Las prácticas orgánicas y biodinámicas no son meras tendencias, sino una filosofía arraigada que busca la expresión más pura del terroir.

La densidad de plantación, los meticulosos trabajos en verde y la selección manual de los racimos son las partituras que aseguran la máxima calidad. El Cabernet Sauvignon, con sus taninos firmes y su estructura imponente, es el bajo continuo que sostiene la armonía. El Carmenère aporta sus notas especiadas y su suavidad, mientras que el Cabernet Franc y el Petit Verdot añaden complejidad aromática y una chispa vibrante. Es aquí, en el cuidado diario del viñedo, donde la futura grandeza del vino comienza a gestarse, bajo la atenta mirada de un equipo de enólogos y agrónomos que son verdaderos directores de orquesta.

Viña-Almaviva

Acto III: Dúo – La Bodega, Santuario de la Alquimia Enológica.

El tercer acto nos invita al corazón del santuario donde la uva se transforma en néctar: la bodega. Con una arquitectura que fusiona la tradición con la modernidad, este espacio es testimonio de la inversión en tecnología de vanguardia y de una visión que honra los métodos centenarios. Aquí, la precisión es la clave. La gravedad guía el proceso, evitando el estrés mecánico de las uvas.

Un detalle particular que enriquece este acto es la visión artística de la Baronesa Philippine de Rothschild. Siendo actriz de teatro, ella quiso que el diseño de la bodega evocara la magia de una representación escénica. Así, la recepción fue concebida como un palco, desde donde se observa el espectáculo. Las barricas, dispuestas en hileras, simulan ser el público atento de un gran escenario. Y el diseño del «kultrun», con sus cortinas que se suben, enmarca el viñedo como si fuera el gran espectáculo que se representa, un tributo constante a la naturaleza y al arte de la viticultura.

Viña-Almaviva
Viña-Almaviva

La fermentación se lleva a cabo en pequeños tanques de acero inoxidable, permitiendo vinificar cada parcela de manera individual, como si cada una fuera una voz única en el coro. Luego, el vino madura pacientemente en barricas de roble francés nuevo, un proceso que dura entre 16 y 18 meses. Es durante esta etapa de crianza donde el vino adquiere su complejidad, sus aromas terciarios y su capacidad de guarda. La enología en Almaviva es un delicado equilibrio entre la intervención humana y el respeto por la fruta, una alquimia que busca realzar la esencia del terroir sin enmascararla. Cada barrica es un instrumento que aporta su tono particular a la gran composición final.

Acto IV: Gran Final – El Vino, Sinfonía en la Copa.

El gran final es el momento culminante, cuando el telón se cierra y el aplauso es para el verdadero protagonista: el vino Almaviva. Cada añada es una interpretación única de la sinfonía de Puente Alto.

Mi experiencia culminó con una cata reveladora, un verdadero concierto de matices que me permitió apreciar la evolución y la maestría de Almaviva a través de sus añadas.

Viña-Almaviva

Comenzamos con el EPU 2019, el segundo vino de la casa, que se presentó con un profundo color rojo rubí intenso. En nariz, ofreció aromas invitantes de frambuesa silvestre, cassis y frutos rojos oscuros, con sutiles notas de especias, hojas de té y vainilla. En boca, su textura sedosa y suave, equilibrada por una fina acidez y taninos pulidos, reveló sabores audaces a ciruela madura y cereza, con toques herbales y especiados. Un vino vibrante y juvenil, con un final largo y sabroso.

Luego, el Almaviva 2019 nos cautivó con su color rubí oscuro y atractivo. Su nariz, pura y precisa, desveló delicados aromas de frambuesa, cassis, mora y fresa silvestre, asociados a sutiles notas de regaliz, café, tinta y tierra. En boca, se mostró jugoso y voluminoso, llenando el paladar con taninos pulidos y suaves, dejando una impresión general de armonía, longitud y persistencia. Su gran estructura y densidad estaban bellamente equilibradas por una buena acidez, característica de este excepcional terroir.

El Almaviva 2020, una añada que celebra el 25 aniversario de la bodega, ofreció una nariz fresca y profunda, llena de arándanos, cassis mentolado, notas de puro, especias oscuras y roble tostado. En boca, se mostró de cuerpo medio a completo, con taninos flexibles y sedosos, y una riqueza de frutas negras y azules que le otorgan mucho encanto. Voluptuoso y halagador, con una tensión y textura tensa que lo hacen muy largo.

Finalmente, el Almaviva 2021 se reveló con aromeas seductores de grosella negra madura, frambuesas frescas y sutiles notas florales, integradas con toques de regaliz, grafito y especias finas como pimienta negra y chocolate con chile. En boca, brindó una experiencia refinada, equilibrada y rica. Sus taninos suaves y pulidos cubrieron el paladar, ofreciendo una textura sedosa que realzó el viaje de degustación. Una estructura delicada pero audaz, con una mezcla armoniosa de sabores a fruta madura, equilibrados por una acidez fresca.

Viña-Almaviva

Almaviva no solo se bebe, se contempla, se medita. Es la expresión máxima de un terroir excepcional y de una colaboración binacional que ha elevado el estándar del vino chileno a alturas insospechadas. Cada botella es una invitación a revivir la majestuosidad de esta ópera, un tributo al arte, la tierra y la pasión que fluyen en cada gota. Para la Revista Catas de Arte desde Valencia España y, en particular, para mí, fue un inmenso privilegio haber aceptado la invitación para conocer esta excepcional alianza que, sin duda, logró a la perfección crear un vino premium, un ícono franco-chileno de excelencia que es Almaviva.

VIÑA ALMAVIVA
50215, Puente Alto, La Pintana,
Región Metropolitana.Santiago. Chile

Teléfono:
+56 22 270 42 00

info@almavivawinery.com

https://www.almavivawinery.com/

HORARIO
De Lunes a Viernes 10:00 - 17:15 hrs.
Sábados y Domingos cerrado

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